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YO TE SIGO A TODAS PARTES...

Hoy en día es mejor, mucho mejor, leer blogs que periódicos digitales. Los primeros son una brisa fresca que nos sacude a un golpe de doble clic… los segundos, tienen (dicen) las mismas mierdas siempre.
He aquí una (breve) muestra de lo que leo y me gusta.
Con respeto, con admiración.

¡LA SELVA ES FANTÁSTICA!

¡Oh, sí, estoy de acuerdo!: la selva es un lugar maravilloso, un escenario perfecto para escribir fábulas y cuentos fantásticos. Lo tiene absolutamente todo (siempre relativamente hablando, por supuesto).
¡Oh, sí, estoy de acuerdo!: un personaje puede ser observado desde cualquier ángulo, a cualquier distancia y altura (siempre tridimensionalmente hablando, por supuesto). Las posibilidades de ser acechado por cualquier amenaza (conocida o no por el hombre) desde detrás de la vegetación u observado por algún ser protector (mágico y/o nativo y/o ambos y/o no) desde la rama de un árbol, solamente son dos ejemplos de la tensión (siempre figurativamente hablando, por supuesto) que se puede generar en este ambiente.
¡Oh, sí, estoy de acuerdo!: situaciones inverosímiles y criaturas de cualquier tipo (animales prehistóricos, espíritus de la selva, primates con intenciones de desarrollar el turismo en la zona, Chuck Norris, etc.) pueden ser acogidas por la espesura de la vegetación de este paraje, tanto de día como de noche. ¡Y los ruidos..!. La paleta de colores con la que podemos pintar nuestro lienzo sonoro es bastante amplia (siempre acústicamente hablando, por supuesto): de la blanca espuma de la caída de una cascada hasta el negro rugido de una pantera, pasando por las variopintas volutas de los cantos de las aves, las rojas detonaciones rectilíneas de unos disparos guerrilleros, el monocromático código Morse de ciertos insectos recelosos de su intimidad y/o/¿eh?/¡ah!/u otras fuentes de coloración sónica (siempre metafóricamente hablando, por supuesto).
¡Oh, sí, estoy de acuerdo!: la temporalidad de la selva es muy versátil, permite jugar con épocas lejanas, en cualquiera de los dos sentidos: hacia allá o hacia allá (siempre linealmente hablando, por supuesto).
¿Qué no puede pasar en la selva? ¡Oh, sí!: yo diría que absolutamente casi todo puede justificarse (siempre cuentofantásticamente hablando, por supuesto). La magia puede suceder o ocurrir si situamos u ubicamos a nuestros personajes en este escenario tan generoso para con la trama.
¡Oh, sí, estoy de acuerdo!: veamos un relato de Charles-Antoine Duré (con acento en la e) donde se ve claramente… algo:

El ingeniero volvía a las profundidades de la selva con la conocida misión de supervisar kilómetros y kilómetros de un inestable gasoducto y con la secreta esperanza de que un error ajeno no lo hiciera volar por los aires (algo que todo ser humano anhela, aunque no dedique el tiempo suficiente a este pensamiento). Su compañero se había quedado rezagado recolectando hojas idóneas para reemplazar al olvidado rollo de papel higiénico, que estaría descansando con su doble capa en el hotel de la capital. No era recomendable separarse en este páramo pero la velocidad de lectura de su compañero era más lenta que sus intestinos y su libro “La sabia savia y su manía de irse por las ramas” estaba sufriendo un crudo otoño editorial, deshojado sistemáticamente con cada reclamo digestivo.
El ingeniero no necesitaba mapas en esa zona (que promediando la prehistoria fue hogar del anónimo Píthyrodactilosambulario Duraderummm, un animal del cual no se han hallado restos ni menos se tiene conocimiento alguno de su lejana existencia en la Tierra; la humanidad ni siquiera puede imaginar esta especie, que se caracterizaba por tener grandes cantidades de caspa en las yemas de sus garras, que le producían picores y le provocaban un andar errático, como si estuviera bailando samba; un error muy común hubiera sido creer que tenía una vida bastante larga, por eso de “Duraderummm”, pero lo cierto era que vivía unos pocos años, aunque intensos; otro error no tan común hubiera sido creer que ése era el apellido por parte de padre; la verdad es que el origen de esta definición hubiese sido su tamaño descomunal: de punta a punta, la bestia duraba muchísimo; cabe recordar que faltarían aún unos cuantos milenios para que la primera unidad de medición de la historia viese la luz -fue la anchoa, y se usó para medir distancias, superficies, volúmenes, pesos, tiempo y nada más-).
El ingeniero y su compañero habían pasado en esta parte de la selva jornadas mucho más largas que el último texto entre paréntesis. Para ser exactos, la habían recorrido decenas de veces en los últimos tiempos. Tampoco era muy complicado guiarse, sólo había que seguir los cráteres de las explosiones de las válvulas del gasoducto, provocadas por algún último error pre mortem ajeno.
-¿Está usted bien, compañero? –gritó en voz baja.
-Todo en orden, ingeniero -llegó la voz llena de satisfacción, característica de quien tiene la cantidad necesaria de hojas idóneas para reemplazar al olvidado rollo de papel higiénico, que estaría descansando con su doble capa en el hotel de la capital-. Creo que ya tengo suficientes.
Y de repente… un ruido espectacular: ¿una explosión?

“SSSSSSSFPTUUUUUMPitP!ZCRAHZCRAHESTUMFPAPEA…” (a unos 117 decibelios, unas 0,0054 milianchoa/anchoa² de presión) seguido de un “¡Boinggggg!” más metálico y casi semi-gracioso... Luego vino el humo. No era humo normal; diría que era como de esas máquinas de humo que utilizan en las películas (de no ser esto un relato fantástico, hubiera jurado que hasta se alcanzó a ver un pie de uno de los técnicos de efectos especiales que operaban las máquinas, uno llamado Jaime).
-¿Está usted bien, compañero? –gritó en voz baja.

-Todo en orden, ingeniero -llegó la voz llena de satisfacción, característica de quien tiene en su poder todo el papel higiénico que necesita, descansando con su doble capa en la mochila que lleva en la espalda-, aunque creo que me olvidé el libro de la savia en el hotel…
La piel del ingeniero se erizó (salvo en los codos, las rodillas y otras zonas puntuales) cuando se dio cuenta de que estaba al borde de un cráter nuevo, que comenzaba justo en la punta de sus pies, que no era excesivamente profundo pero que, indudablemente, no existía antes de la última vez que pestañease. (Es posible que los saltos en el espacio-tiempo del plano que percibimos como Realidad sean ideales para los relatos fantásticos, pero experimentar uno en carne propia es espeluznante, aunque el desfase sea de unas pocas anchoas…).
-¿Y eso?… (¿qué?)… ¿eso es lo que creo que…?
A esta altura, los poros de los antebrazos del ingeniero hubieran servido para rallar queso parmesano. Su compañero apareció a su lado y preguntó algo similar a lo que hubiera preguntado el 96% de los encuestados a los que les hubieran preguntado qué hubieran preguntado en una situación similar.
-¿Es un buzón?
Sí: eso era obvio, pero la información no era completa. Porque eso que estaba viendo el ingeniero, en medio de un cráter humeante, en medio de la selva, en medio de una consternación pasmosa, era el buzón de la entrada de su casa natal… la que habían tenido que abandonar él y su familia hacía treinta y ocho años para dejarle paso al progreso en forma de una autopista que, por cambios de prioridades de los gobiernos, nunca se construyó.
-Es un buzón, compañero –dijo, treinta y ocho años más acá.
Desde la espesura del humo, se escuchó un “dinggg” y, descendiendo por el cráter con más convicción que talento, el mismo cartero que había traído las cartas de desalojo, en la misma bicicleta y con el mismo aspecto de aquel entonces, fue directo al buzón. Sin bajar de la bicicleta, alzó la vista hacia el borde del cráter, donde vio, al lado de un compañero, al mismo niño que siempre jugaba en la puerta de la casa de los días contados.
-¿Qué tal, ingeniero? – (esta vez, el cartero sonreía).
La mano derecha del ingeniero, lentamente, se levantó sola para devolver el saludo sin necesidad de esperar una orden del pobre cerebro, que ya tendría demasiado. El cartero metió la mano en sus “alforjas” (así le gustaba llamarlas al niño que jugaba en la puerta) y, rápidamente, como si fuese lo único que tenía adentro, sacó un sobre.
-Ésta es la última –metió el sobre en el buzón-. También para mí. Adiós, ingeniero.
Con más esfuerzo que convicción, el cartero logró salir del cráter y perderse entre la densidad del humo con un toque de su campanilla (el compañero hubiera jurado que, seguido del “dinggg”, sintió el ruido característico de una bicicleta estrellándose contra un árbol y un quejido seco).
La independencia de la mano del ingeniero seguía establecida y ésta decidió volver a la posición de descanso.
-¡Vamos, ingeniero! –el compañero lo agarró del brazo, lo hizo bajar por la pendiente del cráter y lo llevó hasta el buzón. En el cerebro del ingeniero sólo sonaba “La Lambada”.
Su compañero no aguantó más y, ante la pasividad del ingeniero, abrió el buzón, cortó el borde del sobre y sacó la carta que comenzó a leer en voz alta.
-“Estimado Ingeniero… mmm… en cumplimiento de nuestro deber… mmm mmm mmm… porque una deuda moral es aún más importante que… mmm mmm mmm… a pesar del tiempo transcurrido… mmm mmm mmm… triste desalojo de la casa natal… mmm mmm mmm… esta nueva administración se complace en hacerle llegar… mmm mmm mmm… en carácter de retribución… mmm mmm mmm… y sabiendo que hay cosas que no se pueden recuperar… mmm mmm mmm… el cheque que se adjunta… mmm mmm mmm… aunque el valor sentimental… mmm mmm mmm… saludamos atentamente…”.
El ingeniero parecía no oír. Miraba la densidad del humo, el cráter, el buzón…
“¡Cheque!”. Su compañero rebuscó en el sobre y extrajo el cheque que mencionaba la carta.
-¡Dos millones, ingeniero!… ¡Dos millones de… -su voz se fue desvaneciendo. Su cara fue muy difícil de describir.
-¿Dos millones?… ¿Dos millones de qué? –reaccionó el ingeniero.
-… de anchoas, ingeniero. De anchoas.

¡Oh, sí, estoy de acuerdo!: éste es un final realmente decepcionante (siempre expectativamente hablando, por supuesto).


MINERO. EL QUE TRABAJA EN LAS MINAS


Tremendo alboroto se ha armado con estos hermanos trasandinos y sus “nosecuántos” días dentro de una mina…
PPFFFF
Hay quienes, durante años, lidiamos todos los días con minas más bravas y no ligamos ni un par de lentes negros. (que, por cierto, podrían haber tenido un poco más de onda, ya que se televisaba para todo el mundo) (no sé…o unos ultra cancheros o bien unos híper futuristas. No esos terribles anteojos de soldador cubano…bah qué sé yo…de moda no entiendo mucho)
El otro día, mientras regresábamos, con los muchachos, del monte al que fuimos a cazar jabalíes, munidos sólo de un cuchillo y algunas banditas elásticas surgió, a raíz de lo acontecido en Chile, el tema de los miedos. Algunos hicimos referencia a ciertas alimañas, otros a animales de mayor porte… estuvieron quienes nombraron a la muerte o a alguna enfermedad incapacitante e incluso uno aventuró que le temía a la soledad.
Si, somos un grupo raro.
No lográbamos ponernos de acuerdo hasta que alguien mencionó el tema de las preguntas femeninas.
Pocas cosas infunden más temor en un hombre de bien que una contestación equivocada a preguntas tales como:
1. ¿En qué estás pensando?
2. ¿Me amás?
3. ¿Te parezco gorda?
4. ¿Ella te parece más bonita que yo?
5. ¿Te gustaría tener un hijo?

Estos interrogantes son difíciles de responder porque si la respuesta no es la “correcta” uno se tiene que bancar una de esas discusiones interminables que no llevan a nada y que –irremediablemente– nos terminan dejando sin sexo por un par de noches (quizá tres)
Por eso, porque quiero a mis amigos varones, sirva este mínimo menú opcional de posibles respuestas alternativas.
De nada, che!

PREGUNTA Nº 1: ¿EN QUÉ ESTAS PENSANDO?
La respuesta correcta es: "Siento haber estado silencioso mi amor, estaba reflexionando sobre la suerte que tengo de tener una persona tan inteligente y bella como vos a mi lado."
Esta contestación, obviamente falsa, no se parece para nada a la real, que probablemente sea:
a. Fútbol.
b. Almuerzo/cena.
c. Sexo.
d. Cuanto más linda es ella que vos.
e. Qué bueno sería que te coparas y me hicieras un pete mientras miro el partido.

Quizá la mejor respuesta a esta pregunta fue dada por un individuo que contestó: "Si quisiera que vos supieras en que pienso, estaría hablándote". Sin embargo no la aconsejo en lo absoluto.

PREGUNTA Nº 2: ¿ME AMÁS?
La respuesta correcta es “¡SI!”, contundente, corto, seguro. Si uno quiere entrar en más detalle: "Si, pipiruchichi."
Respuestas inapropiadas incluyen:
a. Más que la mierda.
b. ¿Te sentirías mejor si te digo que si?
c. Definí "Amor".
d. ¿Importa?
e. ¿Quien, yo?

PREGUNTA Nº 3: ¿TE PAREZCO GORDA?
La respuesta correcta es un enfático: "¡Por supuesto que no!" Esta respuesta debe ser inmediata, ¡¡casi un acto reflejo!! Ud. no puede tomarse siquiera un segundo en respirar y ¡¡POR YISUS!! ¡¡¡¡No se le ocurra mirarla!!!!
- ¿Estoy gorda? NO – al toque y sin levantar la vista.
Algunas de las respuestas incorrectas son:
a. ¿Comparada con quién?
b. ¡Ni ahí! Yo te haría de todo… menos upa.
c. Te quedan bien esos kilitos de más.
d. He visto gente más gorda.
e. ¿Podrías repetir la pregunta? Estaba pensando que bueno sería que te coparas y me hicieras un pete mientras miro el partido.

PREGUNTA Nº 4: ¿ELLA ES MÁS LINDA QUE YO?
Nuevamente, la respuesta correcta es un enfático: "¡Por supuesto que no!"
Algunas de las respuestas incorrectas son:
a. Sí, pero vos tenés más personalidad.
b. No más linda pero definitivamente tiene más lolas.
c. No tan linda como vos cuando tenías su edad.
d. Definí "Linda".
e. ¿Podrías repetir la pregunta? Estaba pensando que bueno sería que te coparas y me hicieras un pete mientras miro el partido.

PREGUNTA Nº 5: ¿TE GUSTARÍA TENER UN HIJO?
Definitivamente una pregunta que no se puede contestar con la verdad. La respuesta correcta es por supuesto una en la línea de las dilatorias. “bueno, es un tema serio que debemos evaluar entre los dos…una decisión que debe ser meditada con tranquilidad, ambos debemos estar de acuerdo en dar ese gran paso…claro que me gustaría saber tu opinión, etc, etc,.”
Nunca aconsejo responder algo como:
a. ¿Con quién?
b. ¿Estás segura? ¿No sos grande para eso?
c. ¡Ni en pedo!
d. ¡¡BUENISIMO!! Y lo metemos en una escuelita de fútbol y lo vendemos a Europa a los 13 años. ¡DALE QUE SAFAMOS NEGRA!

EL DIFÍCIL ARTE DE AMAR A UNA MADRE

La medicina ha dado gigantescos pasos en pos de mantener en forma nuestros vapuleados cuerpos (y sus cada vez más llenos bolsillos).
Todos los días aparecen novedades que prometen hacernos más sanos, más lindos, con más dientes, más altos, más sexis, con menos tumores (lo de los tumores es una guerra sin cuartel entre la medicina que pugna por borrarlos de la faz de la tierra y TODO lo demás. ¿Vieron que todo da cáncer según “investigaciones espurias S.A”? El Actimel da cáncer, el asbesto, el vidrio molido, la lechuga morada y... y... todo.) etc.
Pero dos cosas todavía nos tienen en babia:
a- Que aún tengamos que nacer de una madre.
b- Que la vida de las madres se extienda cada vez más, manteniéndonos en ese deshonroso estado de “hijos” durante mucho más tiempo que décadas atrás.
No es que una quiera ver a su madre muerta tampoco vamos... pero me parece que seguir teniendo que agarrar un pulóver al grito de “HACE FRIO, ABRIGATEEE” a los 80 años, no es el estado natural de las cosas.
Por eso, y en vistas al próximo día de la madre, Atilio el Cuis y yo nos hemos puestos igual de marketineros y sale nuestra lista de:

Tipología matriarcal y frases de cabecera del “producto” (AKA retoño):

La Madre Superada:
Este tipo de madre se dio cuenta en la misma sala de partos de que jamás debería haber dejado la pastilla anticonceptiva.
Son madres que no se cansan de repetir frases como:

- ¿Tener hijos? ¿Para qué? Te arruinan la vida mi amor... Los hijos son para siempre, no hay vuelta atrás. HASTA QUE TE MORIS ¿¿ENTENDES??
- ¿Viste las estrías que tengo en la panza? Son culpa tuya. Pensar que yo tenía un ombligo tan bonito…

- ¿Vos tenés idea lo que es soportar a un ser absolutamente incomprensible y berreante durante… 15 años más o menos? Y de la adolescencia no te cuento... ¡MONSTRUOS son!
Son madres que han logrado desacoplarse del mandato básico de los genes coartando toda intención de hacerlas abuelas y por ende, perpetuar la especie.

Frase típica del retoño: “¿Yo hijos? Nooo, yo soy el tío perfecto de los chicos de mis amigos. Es buenísimo tener los nenes ajenos y poder devolvérselos a la madre cuando se ponen hinchapelotas. ¿HIJOS? ¡Ni en pedo!”

La Madre Cris-Morenizada:
Suelen andar por la cuarta década.
Van al gym, se compran la ropa en riguroso shopping concheto, tienen el pelo largo hasta la cintura, andan de zapatillas y jean ajustados, se hacen las lolas, el botox, el profe de yoga…
Es que están buenas por lo general.
Si tienen hijas, compiten en belleza (muchas veces hasta derrotándolas sin piedad), en popularidad, en todo.
Si tienen hijos... Bueno, ya sabemos cuál es la vieja historia de las Hormonas Adolescentes VS. Hormonas de Señora con Menopausia. Los amigos del nene chochos.
Quieren salir con sus hijos al bar, al boliche (pobre del guardia que no les pida documento en la entrada), juntarse a tomar mate con imberbes de 5to. año mientras estudian para el final, quieren ir a Bariloche de joda (¡siii llevala a tu mami que se emborracha y me la com… ehmm, que es la mas cool!), y son absolutamente incapaces de imponer disciplina. Se sienten tan adolescentes como sus retoños.

Frase típica del retoño: “¿En serio querés que invitemos a mi vieja al asado de despedida de soltera de Pepi? ¡Mirá que va a haber strippers! Nono, mi vieja cero drama, ¿pero como hacemos si se zarpa con los strippers?”

La madre Clueca:
Para ella somos la perfección encarnada, el mesías, la genialidad con dos patas y el mundo debe girar a nuestro alrededor como ella misma lo hace.
Todo empezó cuando tiramos la primera patada en su vientre y la convencimos de ser el próximo Maradona.
Siguió por el primer balbuceo donde demostramos fehacientemente que todos los cantantes de Ópera son un chizito húmedo a nuestro lado.
En el jardín de infantes la persuadimos de que Picasso en un pelafustán.
Durante la primaria, jamás dudó que íbamos a lograr unificar la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica.
Más molesta para sus pares que para el hijo, estos engendros van por la vida haciendo gala de las “habilidades sobrenaturales del nene” y llevando al hartazgo a todo el mundo con anécdotas aburridas salpicadas de obsesiva admiración maternal.
El ego de sus hijos crece exponencial e inversamente al pobre ego de los amiguitos, que se ven constantemente bajo el asedio de frases descalificadoras y comparativas del tipo:

- Sí Manuel, tu dibujito estaría bonito si fuera como el de mi nene.
- Vos fijate como lee mi Clarita. ¿Por qué a vos no te sale?

Frase típica del retoño:
“¡Soy un faquin genio! ¡Ríndanse a mis pies!”

Por supuesto existe la némesis de este tipo de madres, y es…

La Madre Desalentadora:
Creadoras de perdedores por excelencia, estas mujeres del demonio se la pasan hablando de su hijo/a (sin importar si él/ella está presente) como si este fuera la última basura del mundo.
Lo terrible es que no lo dicen con odio o bronca. Lo dicen con una piedad, con un amor de madre de patito feo TAN ofensivo…
Siempre intentan justificar esa onda antihéroe de sus retoños escudándose en los defectos del mismo y sin tener siquiera conciencia que probablemente ese nivel de inutilidad se deba a ellas mismas.
Si su hij@ se atreviera a intentar algo novedoso, algo estimulante, se verá coartado de inmediato por su amorosa madre que le sugiere:

- “¿Para qué intentar siquiera? Si todo te sale mal pobre…”
- “¿Otra vez vas a salir a perder plata a lo pavote? ¿Por qué no les dejás los negocios a los que saben?”
- “¿Y para qué la vas a invitar a salir? ¿En serio crees que está interesada por vos? ¡JA! Mirá yo creo que le estaba haciendo ojitos a tu primo. Y claro, Juanpa tiene ese auto, y es tan lindo el guacho… ¡Pero mirá si se va a fijar en vos!”
¿Y cuando habla DE él? Sus frases empiezan indefectiblemente con “La pobre…”, “Pobrecito”, “La ilusa”...

Frase típica del retoño: “Y acá ando… Vos viste que tengo esta mala suerte, que no me sale nada… (Ojos lacrimosos y hombros hundidos)”

La Ma-Combo:
Este tipo de madres es un recio combo de problemas.
Su estilo de vida se basa en romper los huevos a los hijos de todas las formas posibles.
Suelen ser hipocondríacas, histéricas, reclamadoras y tener la extraña habilidad de lograr que cualquier grupo de gente que se ubique a su alrededor termine embarcado en una pelea monumental.
Tienen una libretita en la cabeza donde anotan meticulosamente todo agravio, todo chusmerío que escucharon, toda pelea violenta, que luego sacan a relucir en los momentos más inoportunos. Una discusión con una de estas tiene que tener sí o sí su infaltable: AHH PERO HACE 10 AÑOS, CUANDO IBAS A LA SECUNDARIA ME DIJISTE QUE…
El simple hecho de llamarlas por teléfono para ver cómo están se convierte en una interminable perorata sobre enfermedades terminales que la están desahuciando, reclamos antiguos y puteríos varios de familia que por alguna extraña razón nos envuelven a nosotros, aunque el puterío esté pasando en La Quiaca y nosotros vivamos en Canadá.
Son impresentables en sociedad. De las que dicen a una amiga nuestra que acaban de conocer:

- ¡Ahh, esta es Murcia! Es la misma Murcia de la que hablabas el otro día con tu otra amiga, la ricachona esa, que se confundían el nombre y decían FURCIA en vez de Murcia ¿no? ¿Como estas querida? Cuidate de la chica esta que te digo, ¡es una víbora!
Frase típica del retoño:
“No la conozco. No viene conmigo.”

La Madre Hansel & Gretel:
Esta es igual a la bruja del cuento.
Para ella el amor se ubica en el estómago y nada más.
Una nunca sabe si está engordando a la prole porque tiene genes úrsidos y cree que hay que engordar antes del invierno para soportar la hibernación o si los está cebando para comérselos.
Son mujeres que no saben lo que es el colesterol ni la buena salud ni la economía doméstica. Cocinan como para un batallón aunque tengan un solo hijo, y la máxima ofensa posible es negarse repetir un plato o pasar del postre.
Se las ve siempre de delantal, rodeadas de un aura mística de olores misteriosos que nos hacen agua la boca. Una ensaladita es como cianuro para su perturbada moral…
Es de las que curan la gripe con una sopa de gallina bien grasuda, la melancolía con chocolate y el calor con helados de crema.

Frase típica del retoño: “Los ravioles de mi vieja son los más ricos - ¡BURP!”

La Madre Forense:
Conocen cada accidente posible para toda actividad o herramienta por inverosímil que pueda ser.
Se saben de memoria los archivos internacionales de accidentología y las horrendas consecuencias del uso de todo utensilio por inofensivo que parezca.
Pruebe darle una tijerita plástica de cortar papel a su hijo delante de ella y verá como la pobre desgraciada corre a quitársela, enumerando toditas las posibilidades de daño.

- ¡Nooo Eugeeee! ¡Soltá eso! El otro día leí de un caso donde un nene no sólo se arrancó la bolita del ojo con la tijerita. ¡Parece que además se cortó 4 dedos y se tajeó la garganta! – termina con un susurro macabro.
Para su atribulada mente, toda actividad humana es factible de producir un accidente espantoso, sangriento y mortal.
Cuando salen de paseo con los frágiles frutos de su vientre, llevan un botiquín que bien podría servir para salvar a todo Haití del desastre, y son de las que les ponen la vergonzosa pulserita con nombre-apellido-teléfono en caso de extravíos.
Sus hijos son seres sobresaltados, temerosos y por lo general MUY quietos. Casi se diría que uno puede confundírselos con estatuas si no fuera porque tienen que respirar (aunque la madre asegure que respirar puede llevar gérmenes letales a sus indefensos pulmones).

Frase típica del retoño: “A mí dame cuchara de plástico. Los cuchillos y tenedores son peligrosos”

La Madre New Age:
Cree fervientemente en la no-violencia. No grita, no amenaza y seguro que fumó porro en sus años mozos.
Las madres New Age no saben lo que es un sopapo, un chirlo o una penitencia. Para ellas la educación consiste en hablar “seriamente” de las cosas.

- ¿Por qué los nenes no son boludos, entendés? Ellos entienden TODO (pruebe decirle a un purrete que SUELTE INMEDIATENTE ESO QUE SE ROMPE sin poner tono apocalíptico... PFFFF)
Jamás emitieron un ¿AGU DABA BUBU GAGA BEBEEE?
¡De ninguna manera! Sus hijos siempre fueron tratados con sumo respeto y circunspección tipo:

- Matías, mamá necesita sabes por qué estás llorando. Quiero que te calmes y lo charlemos como seres racionales, ¿de acuerdo? – Mirándolo a los ojos a los 3 meses de edad.
- Hoy mamá le va a leer un poco antes de dormir… ¿Seguimos con "Crimen y Castigo", no?
Lo molesto del caso es que generalmente sus hijos suelen ser ejemplos de sensatez y respeto al prójimo… Delante de ella. Cuando las pierden de vista se convierten en monstruos anárquicos y rebeldones que se cagan en absolutamente TODO lo que sus madres intentaron imponerles: consideración, austeridad, madurez y disciplina.
Frase típica del retoño: “¡Viva el Che Guevara carajo!”

La Madre Hush Puppie:
Tiene una mirada perdida en la depre, tipo perro batata.
Es el tipo de madre que soporta cualquier desplante de su hijo con una sonrisa boba y ligeramente patética. Tiene los tobillos llenos de moretones porque su bello querube insiste en demostrarle a patadas que no quiere de chocolate, sino de frutilla, se viste como una momia polvorienta, y cada vez que abre la boca en público primero mira al nene como pidiendo permiso.
Es el TERROR personificado en su estado más puro. Para ella hubiera sido mejor parir un león hambriento de varias toneladas.
La vida le hizo la mala jugada de darle menos determinación y carácter que a una piedra, por lo cual fue históricamente incapaz de ejercer autoridad e imponer (¡un poco al menos por Jesús!) de obediencia.
A uno que la ve de afuera se le parte el alma cuando el pendejo de mierda le salta encima al muñequito que acaba de regalarle la madre porque:

- “¡Boba!! ¿Ves que sos boba!? ‘’¡¡Este no es el que yo queríaaaaa!!” -mientras ella suspira y sonríe con mirada tristona, apabullada por el pánico.
Suelen ser fervientes creyentes de cualquier cosa. Cristo, la Iglesia Universal o Maru Botana. Lo que sea que las saque un rato de su miserable existencia.

Frase típica del retoño: “¡Vos callate!”

De las idishe mame no voy a hablar. Ya todos las conocen (y temen).

Así que ya saben...
Querido lector, si su madre pertenece a alguna de las categorías aquí descriptas, mis condolencias.
Si no, el día de la madre abrácela bien fuerte, dele un regalo morrocotudo y susúrrele al oído: ¡GRACIAS, GRACIAS VIEJA!

N. de la A.: Por supuesto, me niego a declarar de cuál de estos tipos es mi progenitora. A ver si todavía les doy tela para que me empiecen a psicoanalizar a través de los espurios comportamientos de mi tutuca madre…


EL MAESTRO

Los alumnos del Sexto Grado, en una Escuela de Montevideo, organizaron un concurso de Novelas. Participaron todos. Todos escribieron novelas en aquél concurso dónde yo fui uno de los tres jurados; los otros dos eran: el Maestro, el Maestro Oscar, puños raídos, sueldo de faquir... y una alumna que era la delegada de los concursantes. A la ceremonia de premiación se prohibió la entrada de todos los adultos, con excepción del Maestro, yo, que era miembro del jurado y los niños que eran los participantes en el concurso. Todos fueron premiados. Hubo un premio para cada trabajo y con el premio una pequeña explicación de los méritos del trabajo presentado. Y cada premio fue celebrado con una ovación por todos los niños de la clase... y hubo lluvia de confetis y de serpentinas... y al final, me quedé conversando con los chiquilines, y el maestro me dijo, el Maestro Oscar me dijo: -Nos llevamos tan bien, que me dan ganas de dejarlos a todos, repetidores.
Y una nena, venida del interior, de un pueblito del interior me dijo que ella cuando llegó en los primeros tiempos era muy callada, no había manera de sacarle una palabra de la boca, y ahora..., me dijo, el problema es que no me puedo callar, hablo todo el tiempo... y yo al Maestro Oscar lo quiero muuuucho, muuuchísimo, porque él me enseñó a perder el miedo de equivocarme.