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DESTIEMPO

Así se llamaba la revista que fundó en 1935 junto con su gran amigo Jorge Luis Borges. La Real Academia Española nos dice que su significado es: “Fuera de tiempo o del momento oportuno” ¿La revista o Bioy Casares? Debe haber sido difícil publicar algo en aquél Buenos Aires en donde cada dos por tres había algo de Peyrou, Borges o Arlt en las librerías. Y más si llevabas encima el estigma de ser un “niño bien”.
Desde muy joven comenzó a deslumbrar con unos relatos surrealistas, en la madurez se volcó más hacia los relatos policíacos (memorables los coescritos junto a Borges bajo el seudónimo de H. Bustos Domecq). Siempre fue un sagaz observador de la sociedad en la que vivía, irónico, de excelente humor y capaz de conversar de cualquier tema sin caer en la pedantería (aunque este mito se cayó un poco con la aparición póstuma de su diario “Borges”, en donde se puede lee como le sacan el cuero a medio Buenos Aires).
Me gustan sus cuentos, son atemporales… “La invención de Morel” me parece única e insuperable. Nadie describió como él mismo lo que me pasa cada vez que leo o releo algo suyo:

“El recuerdo que deja un libro a veces es más importante que el libro en sí.”

DESTINO

“Llega un momento en la vida en que, haga uno lo que haga, solamente aburre. Queda entonces una manera de recuperar el prestigio: morir.”

Adolfo Bioy Casares

FOTO: Cristian Bernardis © 2009

LA LITERATURA ES INDISPENSABLE, LA MÚSICA NO

“HABLANDO DE TODO” (Adolfo Bioy Casares, Rodrigo Fresán y Fito Páez) © 1996
ABC:
- ¿Podemos hablar un poco de música?
FP: - ¿Qué música le gusta?ABC: - A ver. A Borges le gustaban las milongas y a mí me gustaban los tangos. Pero descubrí que los tangos que me gustaban eran los tangos–milonga: "Entrada prohibida", "Hotel Victoria", "La morocha"...
FP: - Esos son tangos de comienzos del 900. Guardia Vieja.
ABC: - Guardia viejísima. También está "Ivette", mi himno nacional, y "Flor de fango": "Mina que te manyo de hace rato, perdoname si te bato de que yo te vine a ver". Ahí empieza el dequeísmo en la Argentina (risas).
RF: - ¿Y qué lugar ocupa la música en su obra?
ABC: - Cada vez que pongo discos que me gustan, Brahms, Gluck, algunas cosas de Beethoven, siento que tendría que estar siempre oyendo música, pero lo cierto es que después no vuelvo a oírla. Si viera mi vida como un objeto que está ahí afuera, diría que para mí la literatura es indispensable y la música no.
FP: - ¿Ni Mozart?
ABC: - Ah, claro. Mozart. "La" música.
RF: - ¿Y las máquinas? ¿Qué lugar tendría la persistencia de las máquinas en su obra, básicamente en “La invención de Morel”?
ABC: - Las aborrezco.
RF: - ¿Y cómo se lleva con las máquinas de escribir?
ABC: - Horrible. No me gustan. Prefiero escribir a mano, con lapicera. La relación con la literatura es siempre la misma, pero escribir a máquina me hace mal por el lumbago. Y para la computadora debería hacer un aprendizaje que me produce mucha pereza. Trato de escribir en un cuaderno para engañarme a mí mismo, para pensar que si quiero descartar algo voy a romper páginas y el cuaderno se va a desarmar, entonces cada frase tiene que ser para siempre.
RF: - ¿Y no es así?

ABC: - Para nada. Corrijo veinte veces la misma frase. Pero es un pequeño engaño que me hago al escribir. La inclusión de una máquina me parece un artificio.
RF: - Quizás, en su relación con la música influya el hecho de que para escucharla haga falta una máquina...
ABC: - Un aparato que media entre uno y los otros. Lo mismo ocurre con la televisión. Y también el libro exige que uno interrumpa cualquier tipo de relación.
RF: - Pero los libros son menos autoritarios. Con ellos uno elige cuándo, cómo y por quién ser bombardeado...
FP: - El libro impone una trama a la cual uno accede o no. La tele tiene el botón, se puede hacer zapping o apagar. El tema es que es un mundo muy grande, y las horas que tiene el día no se modificaron.
RF: - Los libros suyos, ¿cambian para usted o lo van acompañando?
ABC: - No, mis libros no me acompañan para nada. Una vez, en Nueva York, tenía que hablar ante el público y unos amigos pensaron que como soy medio tímido tenían que hacerme preguntas fáciles. Entonces, me preguntaron el argumento de un cuento mío, "Irse". Y no sabía ni de qué me estaban hablando.
FP: - ¿Trata de olvidarlos?
ABC: - Ni siquiera lo intento. Los olvido sin ningún esfuerzo.
FP: - Bioy, ¿cuál es el formato que más le interesa, la novela o el cuento?
ABC: - La novela, pero me parece que sólo escribí cuentos cortos y largos. Tal vez “El sueño de los héroes” pueda aspirar a ser una novela.
FP: - ¿Aspirar a ser una novela? Por favor, Bioy, no nos ponga nerviosos.

ABC: - No, es cierto. “La invención de Morel” es sólo un cuento largo.



NO ES PAÍS PARA VIEJOS

“DIARIO DE LA GUERRA DEL CERDO” (Adolfo Bioy Casares) © 1969
Una horda de inescrupulosos jóvenes se toman la molestia de dar oxígeno a las arcas de la Seguridad Social en plan Anton Chigurh (el psicópata interpretado por Javier Bardem en la soporífera película de los hermanos Coen) y no encuentran mejor manera que matar su aburrimiento asesinando de todas las formas imaginables (tirándolos desde lo alto de una tribuna en un partido de fútbol, apaleándolos o simplemente arrojándolos a las hogueras de San Juan) a los viejos de una hipotética Buenos Aires.
A partir de tan violento y descabellado argumento, Bioy Casares nos mete de lleno en esta cacería irracional, plagada de misterio (no se sabe a ciencia cierta el porqué lo hacen, ni cuando empezaron) con un seguimiento casi diario a Isidro Vidal. Lo interesante del libro es que nos muestra la deshumanización de la juventud y la pasividad del resto de forma gradual, primero nos lo hace entender por hechos aislados de los que Isidro y sus amigos son testigos, para luego (sin decirlo de manera clara) darlo por sobreentendido y resulta que nos encontramos, mediada la novela, intentando escapar de esa verdadera batida humana sin preguntarnos ni tan siquiera plantearnos lo inverosímil y la locura de los hechos que se desencadenan… sólo es cuestión de sobrevivir.
Nadie sabe quién es el enemigo ni donde se esconde. Vecinos delatan a vecinos, sobrinos a tíos y lo más patético: hijos a padres. Como en la famosa fábula de Martin Niemoeller (mal atribuida a Bertold Bretch), ninguno de los protagonistas se siente en peligro, ya que no se consideran viejos… pero cuando muere uno y desaparece otro, ya no hay tiempo para más y sólo hay que esconderse y esperar a que la calma vuelva. Y entre tanto lo cotidiano, la rutina, las estrecheces y el amor… que llega inesperado.


PERDIDOS EN UNA ISLA DESIERTA



“LOST” (J.J. Abrams, Damon Lindelof, y Jeffrey Lieber) © 2008

Resulta que en el cuarto capítulo de la cuarta temporada de “Lost”, uno de los personajes principales aparece leyendo un libro. ¿Cuál? Nada menos que la famosa novela “La invención de Morel”, que nuestro “dandy” favorito Adolfo Bioy Casares escribió en 1940. Su argumento tiene puntos en común con “Lost”, ya que se trata de un fugitivo venezolano en una isla desierta del Pacífico.

Ahora bien, como el dato que el libro iba a aparecer en la serie ya había circulado bastante por la web varias semanas antes de la emisión del capítulo, la editorial que tiene los derechos del libro en USA se preparó como corresponde para recibir el aluvión de fanáticos de la serie, que saldrían corriendo al otro día a comprar el libro.

El libro ya se encuentra dentro de la lista de Best Sellers de “Amazon”.