Así se llamaba la revista que fundó en 1935 junto con su gran amigo Jorge Luis Borges. La Real Academia Española nos dice que su significado es: “Fuera de tiempo o del momento oportuno” ¿La revista o Bioy Casares? Debe haber sido difícil publicar algo en aquél Buenos Aires en donde cada dos por tres había algo de Peyrou, Borges o Arlt en las librerías. Y más si llevabas encima el estigma de ser un “niño bien”. Desde muy joven comenzó a deslumbrar con unos relatos surrealistas, en la madurez se volcó más hacia los relatos policíacos (memorables los coescritos junto a Borges bajo el seudónimo de H. Bustos Domecq). Siempre fue un sagaz observador de la sociedad en la que vivía, irónico, de excelente humor y capaz de conversar de cualquier tema sin caer en la pedantería (aunque este mito se cayó un poco con la aparición póstuma de su diario “Borges”, en donde se puede lee como le sacan el cuero a medio Buenos Aires). Me gustan sus cuentos, son atemporales… “La invención de Morel” me parece única e insuperable. Nadie describió como él mismo lo que me pasa cada vez que leo o releo algo suyo:
“El recuerdo que deja un libro a veces es más importante que el libro en sí.”
Resulta que en el cuarto capítulo de la cuarta temporada de “Lost”, uno de los personajes principales aparece leyendo un libro. ¿Cuál? Nada menos que la famosa novela “La invención de Morel”, que nuestro “dandy” favorito Adolfo Bioy Casares escribió en 1940. Su argumento tiene puntos en común con “Lost”, ya que se trata de un fugitivo venezolano en una isla desierta del Pacífico.
Ahora bien, como el dato que el libro iba a aparecer en la serie ya había circulado bastante por la web varias semanas antes de la emisión del capítulo, la editorial que tiene los derechos del libro en USA se preparó como corresponde para recibir el aluvión de fanáticos de la serie, que saldrían corriendo al otro día a comprar el libro.
El libro ya se encuentra dentro de la lista de Best Sellers de “Amazon”.