En plan de sincerarnos, éste iba a ser un post lleno de sarcasmo, burla y protesta. La reciente muerte de Sandro me hizo, sólo por respeto, bajar el tono del mismo… transformándolo en algo más suave y benévolo.
Estuve (y estoy ahora mismo mientras escribo ésta última letra… a) tentado en hacer alusión a su (efímera) sobrevida después del multi-trasplante de órganos, pero me muerdo la lengua para que no me acusen de humor negro. Lo que no puedo evitar es hablar del seudo-mito.
Tranquilamente se podría haber dedicado a la venta de lencería, dada la cantidad de “chabombas” que le arrojaban en cada una de sus presentaciones. Me imagino que un poco le hincharía las pelotas, siempre fantaseé con una reacción suya como la que tuvo Siouxie harta de que le llenara la cara de gargajos, pero Don Roberto era ante todo un personaje, y ese amor ”lenceril” formaba parte del show.
No creo faltarle el respeto si me recuerdo su (patética) imagen durante aquella seguidilla de “chiquicientos” “Gran Rex” (los argentinos y los números, yo también puedo hacer 40 representaciones seguidas… llenando un 20% en cada una), cuando enfundado en su bata de seda color roja, recibía aquella lluvia de bragas (ahora la mayoría de color carne XXXL) mientras descansaba entre canción y canción con la máscara de oxigeno a mano.
Nada voy a reprocharle de aquellas bazofias que hizo durante su juventud, sólo fue uno más que se subió a ese vomitivo carro que eran los bodrios que se hacían en el Cine Nacional. Y aquí si dejo de lado el respeto… hacia él. No comento nada porque sino mi mujer me corta el huevo derecho (ella aún hoy recuerda con cariño “Gitano” u “Operación Rosa Rosa”) y mi vieja haría justicia con el izquierdo, ya que (no hace mucho) me confesó que su primera salida con el que (hoy) es mi padre fue justamente para ver a “Sandro y los del fuego”…
¡¡¡Moriré yo por tiiiiiiiiiiiiiiiií!!!
"Cuando llegues al final de tu cuerda, haz un nudo y aguanta.” FRANKLIN D. ROOSEVELT
DAME FUEGO
UNA MUCHACHA Y UNA GUITARRA
UN HOMENAJE DESDE EL ROCK
“TRIBUTO A SANDRO” (Varios Artistas) © 1999
Escuchando así sus canciones debo confesar que están buenas. Ese ser exótico que es Afo Verde (que te produce un disco de Divididos, y al rato saca de la galera mierdas como Bandana o Mambrú) tuvo la genial (y rentable) idea de aprovechar el filón del récord de los Gran Rex e hizo un buen casting de bandas para sacar éste más que respetable tributo.
Divididos, Los Caballeros de la Quema, Bersuit Vergarabat, Los Fabulosos Cadillacs, Los Visitantes, Attaque 77, León Gieco (una joyita su versión), Érica García (aquí vuelve a demostrar que no es mucho más que dos buenas tetas), Virus, Molotov (apoteósicos), Aterciopelados (de lo mejorcito), Javiera y los imposibles (un hallazgo éstos chilenos) y Bel Mondo (ese esperpento de Frenkel, ojo… rodeado de dos pedazos de músicos como Ricky Sáenz Paz y Fernando Samalea). Mejoran y hacen escuchable parte del repertorio de Roberto Sánchez.
HACE QUE LAS MUÑECAS, AFLOJEN EL CALZÓN
“COMO LA CIGARRA” (Walter Domínguez para Clarín) © 1996
Un recital de canciones y palabras. Así será el show de Sandro en el Gran Rex. Con referencias a su estado de salud y a la actualidad, bromas de todo calibre y un emotivo tramo dedicado a la memoria de su madre. Intacto como artista, El Gitano vuelve a la Capital a partir del 5 de julio.
Aviso para sus admiradores: el tipo está intacto. Después de todo lo que se habló sobre sus problemas de salud, su gordura (y sus abruptos adelgazamientos) y sus misteriosas desapariciones, Sandro volvió a escena para hacer lo que mejor sabe: cantar. Pero también para encargarse de contestar con su propia boca todo lo que se dijo de él en los últimos tiempos.
A partir del 5 de julio, el cantante se presentará durante varios fines de semana en el Gran Rex. La meta es superar las 18 actuaciones que hizo en 1993, cuando festejó sus treinta años como solista, y que aun hoy son récord para el teatro. Por cómo van las ventas, el sueño parece posible: apenas abrieron las boleterías, las entradas para los dos primeros fines de semana prácticamente se agotaron.
Sandro, un veterano conocedor de las rutas (argentinas e internacionales), suele salir a calentar motores antes de sus presentaciones en Capital. Ya se presentó en Rosario (hizo cuatro fechas), en San Nicolás y en Junín, donde Clarín presenció su show, el mismo que hará en Buenos Aires.
En el teatro San Carlos de Junín ya no cabe un alma. Las 1.801 localidades se vendieron por completo y los pasillos están repletos de colados llegados a último momento. Las luces se apagan y comienzan los inevitables aullidos femeninos. La banda de seis músicos arranca con el tema de “2001, Odisea del espacio” (el mismo con el que abría sus shows Elvis Presley) mientras la escenografía se puebla de titilantes estrellitas. Envuelto en humo, aparece él.
Jacquet gris, su conocida capa negra sobre los hombros y la primera sorpresa de la noche: “Como la cigarra”, la canción de María Elena Walsh.
Sandro continúa con “Soy gitano”, “Quiero más de ti” y una canción española, “Dónde estará mi vida”. Casi no hay respiro entre tema y tema. Pese a sus años, 51, y a su agitación sobre el escenario, su voz suena sin fisuras. Su registro grave le permite, con la misma facilidad, encarar una balada, un rock o un tango. Siempre fue así y, parece, siempre lo será.
Después de la ovación, Sandro recita “Historia de un ruiseñor”, de Oscar Wilde, un relato acerca de un pájaro capaz de dar su sangre para colorear una rosa que precisa un enamorado para conquistar a una dama. Para cambiar el clima, Sandro vuelve a contar otro chiste. La sensación que causa es que, diga lo diga, la gente se va a reir igual. Y así es. Canta “Sueño de noches pasadas” y “Soy un condenado”. Luego desaparece.
Ahora sí, vienen los temas esperados. Uno tras otro: “Quiero llenarme de ti”, “Te propongo”, “París ante ti” (“Junín se arrodilla ante ti", canta y Junín delira), “Así, Porque yo te amo”. Hace una pausa. “Me tengo que ir”, bromea, “está el CIPEC en la puerta y ha llegado una carroza”. Después, les deja un chiste a los caballeros presentes: “¿Saben que trabajo para ustedes?... les caliento la pava y ustedes se toman el mate" (NOTA DE O CAZOLEIRO: ¡¡¡finisimoooooooo!!!), y arremete con el gran final: “Rosa rosa” y “Penumbras”. Ahora sí, aunque se lo pidan no volverá.
Fueron en total 18 canciones y la última la cantó con la misma energía que la primera. Un profesional y muy bien dotado, qué duda cabe.
Después de dos horas de show, la gente comienza a irse, pero no del todo. Lo esperan afuera, para verlo salir. Hay escenas de histeria, como las de las fans de Luis Miguel, pero con marido, hijos y treinta años sobre las espaldas y las caderas. El Gitano sonríe, con esa sonrisa eterna que lo asemeja tanto a Gardel.
SHEIN´S BON... AUTÓCTONO
“OPERACIÓN ROSA ROSA” (Leo Fleider) © 1974
Una persecución por las oscuras calles de la ciudad. Un gato en las penumbras. Un asesinato en la noche húmeda y la mirada felina que…
¡¡¡AAAAHHH!!! (gritos desaforados)
… se transforma en uno de los rostros más queridos de Latinoamérica. Un grito y una orquesta. El bajo desfila por la pasarela del groove y él (un artista único) es pura furia, un remolino de carisma y ritmo que nos arrebata el corazón y hace de nosotros, simples mortales, sus devotos esclavos.
Así comienza esta película. Con Sandro y su orquesta dándolo todo en el escenario con “Mi amigo el Puma”.
Más tarde, el astro nos seguirá deleitando con todo un repertorio de pasos de baile, contoneos y todo tipo de movimientos imposibles hasta para el mismísimo campeón mundial de epilepsia en una muestra de luces estroboscópicas. (Algunos de estos pasos han sido bautizados por mis compañeros de pabellón como “la rabona”, “el borrachito”, “el borrachito invertido”, “el poseído”, “el dislocado”, etc.). Nadie quedará indiferente ante el terremoto producido por este manantial de adrenalina que es nuestro ídolo cuando ejecuta “Dime qué más quiero” (durante esta canción se ve el famoso plano desde atrás del hi-hat, del cual se habló durante días en mi celda).
¡Sí, soy fan de Sandro!, de los que no le importa que el audio no coincida con la imagen ¿Y qué?
Eso sí, quisieron hacer una película y entre canción y canción hay escenas. Quisieron hacer una de espías, así que hay un despliegue de efectos especiales, peleas (la de Sandro derrochando arte marcial en una habitación de hotel es difícilmente olvidable) y un malo malísimo dignos del cine de acción argentino de mediados de los setenta. El elenco es muy parejo, como un suelo de madera. Destaca por sobre todos Laura Bove, que está para darle.
No voy a ser tan cruel como para recomendarla porque no es para cualquiera. Pero regálense la alegría explosiva de los dos temas mencionados arriba (Madre: hay que hacer clic en el nombre, sí, lo que está en azul): 100% carisma.
100% Sandro.
Sir Lothar Mambetta
(Gracias a Gonza por regalarme la película.
Y al Cazoleiro por aguantar la entrega de esta
crítica sin cumplir sus amenazas.)
