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EL GAUCHO

¡Vaya empresa que me propongo ésta semana! ¿Cómo hablar de una figura tantas veces exaltada y a la vez desconocida? ¿Cómo no caer en la tentación de apelar a los tópicos?
Pues lo haré… ¿o alguien es capaz de decirme si los personajes de “Martín Fierro”, “Don Segundo Sombra” o “Fausto” (sólo por citar los más conocidos) pertenecen a la misma estirpe?
Miguel Hernández, Ricardo Güiraldes, Estanislao del Campo, Hilario Ascabusi, Florencio Sánchez, Leopoldo Lugones y Jorge Luis Borges (entre otros muchos) cayeron en la tentación de darle voz y vida a un personaje que hasta cuenta con un sub–género dentro de la conocida como literatura latinoamericana.
Pendenciero, malevo, libre, discriminado, arriero, domador, payador, guitarrero, avasallado, noble, traidor, poeta… y la lista sería infinita. Que cada uno haga su composición de lugar, con los datos (y lecturas) que tenga en su poder, arme una breve descripción y le pegue un repaso a tan jugoso e interesante personaje. Aquí va la mía…

COMO EL SOL CUANDO AMANECE

FOTO: “Ah… tiempos!” – Florencio Molina Campos © 1940

Hijo de algún confín de la llanura
Abierta, elemental, casi secreta,
Tiraba el firme lazo que sujeta
Al firme toro de cerviz oscura.
Se batió con el indio y con el godo,
Murió en reyertas de baraja y taba;
Dio su vida a la patria, que ignoraba,
Y así perdiendo, fue perdiendo todo.
Hoy es polvo de tiempo y de planeta;
Nombres no quedan, pero el nombre dura.
Fue tantos otros y hoy es una quieta
Pieza que mueve la literatura.
Fue el matrero, el sargento y la partida.
Fue el que cruzó la heroica cordillera.
Fue soldado de Urquiza o de Rivera,
Lo mismo da. Fue el que mató a Laprida.
Dios le quedaba lejos. Profesaron
La antigua fe del hierro y del coraje,
Que no consiente súplicas ni gaje.
Por esa fe murieron y mataron.
En los azares de la montonera
Murió por el color de una divisa;
Fue el que no pidió nada, ni siquiera
La gloria, que es estrépito y ceniza.
Fue el hombre gris que, oscuro en la pausada
Penumbra del galpón, sueña y matea,
Mientras en el oriente ya clarea
La luz de la desierta madrugada.
Nunca dijo: soy gaucho. Fue su suerte
No imaginar la suerte de los otros.
No menos ignorante que nosotros,
No menos solitario, entró en la muerte.

“El gaucho” – Jorge Luis Borges © 1969

GRACIAS A LA VIDA

“30 AÑOS” (Mercedes Sosa) © 1993

Apelo una vez más a los tópicos. No sólo Martín Fierro o Molina Campos es sinónimo del gaucho. No sé muy bien por qué, pero al folclore le colocaron la etiqueta de música gauchesca.

Y la verdad es que me parece más gauchesco Mercedes Sosa o José Larralde que la Sole revoleando el poncho, o Luciano Pereyra cantándole al Papa y más aún que Los Nocheros y su folclore-pop. Lo cierto es que encontré una excusa perfecta para homenajear a “la voz de América” tras su reciente desaparición.

En plan de sincerarme… estoy convencido que más adecuado a un post sobre el gaucho es hablar de Alfredo Zitarrosa… los tópicos otra vez, pero es que me viene la imagen de un payador rasgando su guitarra e improvisando versos en una pulpería.


COMENTARIOS SOBRE EL FAUSTO

“FAUSTO” (Estanislao del Campo) © 1866
Crónica de Juan Guillermo Kaiser

Todo un personaje Estanislao del Campo. Hijo del Jefe de Estado Mayor del General Lavalle y bisnieto del Marqués de Loreto, militar también él, político, escritor y poeta como correspondía por aquellos bárbaros tiempos.
Adopta el seudónimo de Anastasio el Pollo, en homenaje al de su amigo Hilario Ascasubi que se apodaba Aniceto el Gallo, reflejándose esta amistad en su poema Fausto, donde nos cuenta que Anastasio y Aniceto, dos gauchos de ley, se encuentran casualmente a orillas del Rio de la Plata para comentar sus vivencias. Anastasio revela a su amigo su experiencia última luego de que asistiera a la opera de Gounod sobre la obra de Goethe “Fausto” que se representó alrededor del 1866 en el antiguo Teatro Colón, el que se hallaba sobre la actual Plaza de Mayo, en el lugar que hoy ocupa el Banco de la Nación.
Se lo acusa al autor de denigrar la figura del gaucho atribuyéndole por infantil inocencia la confusión de realidad y ficción, Anastasio describe lo visto en escena como si todo hubiera realmente ocurrido. “Pero yo sé” –como dice el tango Muchacho- que lo realmente difícil de imaginar es que un gaucho del siglo diez y nueve decida ir al Colón para el estreno de una ópera. Debemos tener en cuenta, sin embargo, que los gauchos de Estanislao, eran especialmente sensibles y aunque el Pollo se queje, terriblemente pudientes:

Le iba sonando al overo

La plata que era un primor

Pues eran plata el fiador

Pretal, espuelas, virolas

Y en las cabezadas solas

¡Qué!... ¡Si traía para mí

Hasta de plata las bolas!

Cuenta Anastasio que un doctor Fausto -viejo y viudo por aquel entonces y que parecía no recordar que enviudar es realmente una desgracia, ya que deja la puerta abierta para volver a casarse- le vendió su alma al diablo para conseguir el amor de una muchacha.
El gaucho se asusta al ver al maligno y así le cuenta a su amigo:

¡Viera al Diablo! Uñas de gato,

flacón, un sable largote,

gorro con pluma, capote,

y una barba de chivato.

Tanto más cuando Lucifer le muestra al doctor la imagen de su amada como proyectada en tercera dimensión, casi de carne y hueso:

¡Ah Don Laguna! ¡si viera

Qué rubia!... Creámelo:

Creí que estaba viendo yo

Alguna virgen de cera.

……………

Ya enderezó como loco

El Dotor cuando la vió

Pero el Diablo lo atajó

Diciéndole: “Poco a poco;

y es que el Malo sabe que en asuntos tan serios conviene ir por partes, como hacen los médicos en la morgue y como hace el enamorado ante el cuerpo dócil y yacente de su amada…

Si quiere hagamos un pato:

Usté su alma me ha de dar

Y en todo lo he de ayudar:

¿Le parece bien el trato?”

Los gauchos de Don Estanislao no descreen de los letrados –esto sí es ingenuidad- no se imaginan cuanto estudiado suele meter la pata:

-¡Dotor, y hacer ese trato!

……

Tal vez, ya Fausto sabía que solamente envejecen los viejos, porque al Diablo le pidió:

Dijo: “¿Habrá alguna bebida

Que me pueda remozar?”

……………

Canas, gorro y casacón

De pronto se vaporaron,

Y en el Dotor ver dejaron

A un donoso mocetón.

………….

Y entre bucólicas descripciones y algún beso a la botella, Anastasio prosigue su relato detallando como consigue el Dotor vencer los recelos de su amada, como todo termina en tragedia sin sentido y como J.W. Goethe -cual Deidad infinitamente misericordiosa- permite que la muchacha ascienda a los cielos cual iluminada e inmaculada Margarita.
Finalmente, los dos gauchos, se marchan, entreabrazados, medio mareados seguramente, para encontrar una fonda donde restablecer el equilibrio perdido entre tanta pensadera metafísica, habiendo entendido que después de todo, la filosofía:

e una cosa tale

con la quale e sensa la quale

il mondo resta tale quale.

Juan

Nota: Las notas de humor las he tomado prestadas de mi amigo Bernardo Ezequiel Koremblit, cuyas preferencias políticas ya no me importan y en la creencia fervorosa, que una buena copia es mejor que un mal invento.


RECUERDOS DE UNA TAREA ESCOLAR


“JUAN MANUEL DE ROSAS” (Manuel Antín) © 1972
Uno es un pendejo, irresponsable, vago y se busca la vida. Resulta que la profesora de literatura de turno nos mandó leer “Don Segundo Sombra” para hacer un trabajo práctico y, cuando internet no existía, abusábamos del viejo video club de la esquina (como ya hiciéramos para un trabajo similar con “Rosaura a las diez”).
El trabajo lo aprobé, pero el libro no lo disfruté hasta varios años después cuando llegó a mis ojos no por imposición académica sino por curiosidad propia.
Sin embargo quedó más en mi recuerdo ésta otra película de Antín que también habla (indirectamente) de los gauchos… ¿será que la figura de Rosas fue siempre medio tabú en la enseñanza?