LA HISTORIA DE UN PICHIRUCHI Y UNA NIÑA MALA

“TRAVESURAS DE LA NIÑA MALA” (Mario Vargas Llosa) © 2006
Pichiruchi: término acuñado por Vargas Llosa y con el que en el argot peruano se designa a una persona mediocre, sin aspiraciones. Sin embargo, es la Niña mala quien le inventa a Ricardo (el relator de esta historia) este mote despectivo. Y justamente por esto, el Pichiruchi de la novela no es ni mediocre ni carece de aspiraciones. Tan solo conserva valores universales y trata de defenderlos. Trata de ser frentero, de no robar, de no engañar, de no matar al prójimo. Ricardo tiene aspiraciones. Son estéticas: por ello decide vivir en París, intelectuales: traduce a los clásicos rusos y para ello se dedica con afán nada común a estudiar ruso y finalmente sus aspiraciones son universales y trascendentes, como cuando se interesa por el MIR, y por sobre todo cuando se interesa por la Niña Mala, tal vez, con la esperanza de volverla buena.
Niña Mala: personaje de la novela que resume una actitud generalizada en el mundo actual: la falta absoluta de valores y el afán de hacerse de poder y dinero a cualquier costa.
Ricardo, el niño bueno, el pichiruchi, muere de amor por la Niña Mala, la busca a través del mundo entero y la ayuda a recomponerse de sus fracasos cada vez que estos mismos fracasos los acercan.
Pienso que Vargas Llosa, con su lenguaje directo y llano, nos quiere mostrar lo angustiante, las fronteras y el fracaso, de las generalizadas aspiraciones modernas: poder y dinero. Todos se juzgan con títulos habilitantes para estar en la cima, para pisar al prójimo en el camino hacia la cumbre y en algunos casos, como en el caso de la Niña Mala este afán inmisericorde se transforma en una pasión destructora de su propia persona, nada en el mundo es más importante que lograr sobresalir.
Una inmejorable lección de amor y del infinito valor del perdón, recitada en términos actuales con la suficiente reiteración como para que todos los que estamos inmersos en esta postmodernidad, entendamos el mensaje.

Juan Kaiser


1 comentario:

Sir Lothar Mambetta dijo...

Cuando uno es un "bolas tristes" (por respeto no pongo "boludazo") como yo, es fácil identificarse con el protagonista.
Vargas Llosa es un jugadorazo. Inteligencia y sencillez.
A quien pueda conseguirlo: "El hablador".